¿Quien me vende algo tan simple?

Quiero beber, esta noche,
niños muertos
con sombrero de fieltro negro,
arrugados,
extirpados de sus madres
para tocar al piano un tango,
una falseta,
una copla,
una copa de vino triste entre mis brazos.
Quiero el ritmo de tus pasos
en mis venas,
el swing de un bemol acertado
le nacarado sabor de tu lamento,
la ajustada eficacia de tu diafragma.
Déjame.
Déjame que te toque.
Déjame,
que esta noche,
oscura noche,
negra y fria noche,
los vecinos se despierten con tu estruendo.
Martín Muro. "Un idiota"


     Son las 7:45 de la mañana de un martes 6 de enero de 2009, hay una botella de Jameson robada y medio vacía encima de la mesa, un cenicero atestado y un gato durmiendo como si en 2012 el mundo no fuese a llegar a su fin. Acabo de terminar de ver Changeling, la nueva película dirigida por el señor Eastwood; y buceo en Internet en busca de armas letales contra el insomnio. Lo de antes nunca fue ni será un gran acontecimiento, tal vez ni tan siquiera una poesía, pero realmente deseo, y no sé por qué no lo llevo a cabo, despertar a los vecinos destrozando un órgano eléctrico cuya función -de momento- es simplemente decorativa. Por cierto, para quien no sepa en que consiste el ritmo, una clase detallada. Miren, miren...